Archivos para el mes de: enero, 2012

Padeleando se parece al gerundio “pedaleando”, pero, miren ustedes, es un gerundio mucho menos placentero. Padeleando es el estado de ansiedad al que me somete mi Raquel cada fin de semana desde que, como les conté, tuvimos la genial idea de dejar de fumar. Una recompensa, pensé yo, ingenua de mí… Padelear fue el compromiso que asumimos en una ocasión de vuelta de no sé qué viaje. Y, lo cierto, no sabía yo dónde me metía…

Desde entonces, la vida nunca ha sido la misma. Desde hace tiempo, he asumido que no es lo mismo tocar bola que tocarse las bolas. ¿Han visto ustedes la diferencia? Verán que  únicamente reside en ese “se”. Un “se” reflexivo, como reflexivo es esto que escribo y que, en este momento, no sé dónde nos llevará.

Es un “se” reflexivo, como les decía. Pero podía haber sido un “se” pasivo reflejo.  En el pádel, como en todo, hay dos actitudes que acompañan a los miembros de la pareja. La pasiva, o lo que viene a ser lo mismo, la que se toca las bolas –y volvemos al origen de la cuestión- o la refleja, que activa como nadie, no deja pasar bola…

En fin, desde que padeleo, tampoco las colas del súper volverán a ser lo mismo. Cualquier señora con pelo recogido y moño alzado esconde en el carro de la compra una pala, ávida de golpear una bola y no de sacar número, ¡todas quieren sacar partido! Y, oigan, ¡todas a mi –nuestra- costa! Cada sábado o cada domingo, pensamos, “ánimo,  Raqueles, a estas les ganamos”. Pero he aquí que las señoras de moño alzado, recién salidas del súper, mueven el culo que no veas. Y cada punto es una batalla que ni la de Lepanto. Que en el pádel, nadie es manco…

PD. Que se vayan preparando las de la liga de Alcorcón.

YO, ME, MI, CONTIGO. Que, además de ser un disco del maestro de los maestros, es decir, de Joaquín Sabina, es una de las maneras en las que mejor sabemos expresarnos los del Zaidín.

Desde que tengo uso de razón, puedo recordar a MI madre, zaidinera de pro, a la que muchos de ustedes recordarán pasando frío y calor en su pequeño estanco de la calle Reyes Católicos, hablando –y también llamando- a SU Chica, a SU Manolo y a SU Raquel –MI madre dice su Raqué-. O lo que viene a ser lo mismo, “mi Chica”, “mi Manolo” y “MI Raqué”. Luego llegaron otros tantos sus, o súes, o como coño pudiéramos llamarlo –cualquier forma es válida para que la admitan los de la RAE cuando el asunto se les vaya de las manos-.

Y es que en el Zaidín, MI Zaidín, que,  además de ser  uno de los más populosos y vivos barrios de esta, MI Granada, es una localidad de Huesca –fíjense las cosas-, tenemos un extraño sentido de la pertenencia y de la posesión.  En ese Zaidín, con el que ME siento tan identificada, y por poner un ejemplo,  YO ME tomo MI copa, pero “primo, mira ver si ME convías”. Y, claro, justo aquí, es donde la conversación da un giro para parar del MI al CONTIGO. En mi barrio, las cosas son así. Porque las copas en buena compañía son las mejores, que decía el poeta de la calle.

Imagino que en sus barrios, pasará lo mismo.  Lo que pasa es que en el MÍO se hace con mucha gracia y con mucho arte. Y con tal de tomarnos unas cañas fresquitas, a veces, también estamos dispuestos a poner algo de NUESTROS bolsillos. En días como hoy, que se juega un Madrid- Barça de tercera o de cuarta, vete tú a saber, el Zaidín será un verdadero bullicio, un ir y venir de “llena que nos vamos”. Porque en MI barrio, somos así. Todas las últimas nos parecen buenas si son rubias y tienen el culo frío. Y no les quiero decir nada, si el que suelta la panoja es TU vecino.

¡Salud y que gane el mejor!

Reinventarse o morir…

Ayer, cerca de 4.000 personas tuvieron el gustazo de contagiarse de la “Alegría”, de la magia y del espectáculo del Circo del Sol en el Palacio de Deportes de  Granada.

Con una crítica inmejorable allá por donde pisan, hoy, nos toca a nosotros.

Mañana les diré

.

Lo reconozco. Me gusta fumar. Y mucho. Pero miren ustedes, dejé de hacerlo hace algún tiempo. Es más, dejé de fumar hace algo más de un año, con la entrada en vigor de la famosa ley antitabaco del PSOE.

Soy una de esas personas a las que, bajo ningún concepto, les gustan los recortes de libertades. Pero he aquí que, ante la posibilidad de sentirme como una proscrita y una malhechora, preferí dejar el que se ha convertido en el casi –enfatizo, casi- el último de mis vicios. Tengo otros, pero son inconfensables.

Desde el mismo día en que apagué el último de mis cigarrillos, un Chesterfield a precio de oro, fui consciente de que ya nada sería lo mismo. Ni leer, ni escribir, ni pensar, ni alternar con los compañeros y compañeras en la puerta del trabajo, ni, sobre todo, tomar cervezas… ¿Cómo podría, a partir de ahora, apoyarme en la barra de un bar sin sostener un cigarrillo entre mis dedos e inhalar un humo que me sabía a gloria..?

Difícil, muy difícil, ¿verdad? Pues les digo ya que es posible. Sin reducir el consumo, sin hábitos de deshabituación tabáquica y sin, por supuesto, renunciar a las cervezas de los viernes, ni a las de los sábados, ni a las de los domingos, ejem, ejem… Sin renunciar, en definitiva, a esas cañas que tanto me gustan.

No me he prodigado nunca como una fumadora empedernida. Ni lo contrario. Desde luego que no. He sido sencillamente una fumadora que ha disfrutado con lo que hacía. Incluso cuando me sobrecogía el asma. O ese mal olor tan repugnante con el que te golpea todo tu ser el día siguiente a una juerga. ¿O no? O cuando pierdes el autobús y tienes que dar una minicarrerilla. Y te falta el alma, que no el aire, ¡el alma! Y, una vez más, te sorprende ¡el asma!

He fumado desde que tengo uso de razón. Y mucho. Me gustaba, sobre todo, fumar cuando decía estar en estados de nervios o de ansiedad o de una angustia incontrolada. Y ¿saben qué? ¡Pollas! O ¡Pollinas! Que, al final, los nervios son los mismos. Porque un cigarro no soluciona ningún problema. Claro que no… Un cigarro, como mucho, te acompaña en tu malestar. ¡Como si inhalando humo, pudieras arreglar algo! ¿No te jode? Y es  que un cigarrillo no tiene tan siquiera hombro en el que apoyarse…

En fin, que cambié el tabaco por unas buenas zapatillas de deporte, de las que también, algún otro día, les contaré una anécdota. Porque el deporte, como todo, también tiene sus riesgos.

Así que si, en sus propósitos para este año, está dejar de fumar, ¡ánimo! No es imposible, ni mucho menos… Y si, como yo, optan por calzar unas buenas Nike, ¡aténganse a las consecuencias!

¡Salud y buena suerte!

El otro día, el 2 de enero, agredieron –a base de bien, según tengo entendido- al compañero Carlos Ramiro.

Que ¿por qué? Muy sencillo, aunque incomprensible. Por varios motivos. Uno, que es periodista. Dos, que trabaja en la Cadena SER de Granada. Tres, que a algunos energúmenos –no digo a todos- no le gusta la presencia de los periodistas, y menos de medios de comunicación como la SER, en sus celebraciones.

Y es que el periodismo no es precisamente una profesión exenta de riesgos. El periodismo de verdad, me refiero, no el que se hace desde los sillones del “Sálvame”. Al periodismo de calle, al que ejercen cada día tantos y tantos compañeros y compañeras… El que tiene como única vocación la de informar libremente. Porque la información, el acceso a la información, ¿recordáis?, es un derecho. Es más, no se entienden los Estados de derecho, sin derecho a la información. Porque la información garantiza la libertad de pensamiento. ¿Qué sería de nosotros si ni tan siquiera fuéramos libres para pensar?

Decía que no es el periodismo una profesión que, podamos decir, no entrañe ciertos riegos. Cuando no es quedarte sin empleo, como parece que puede pasar con los compañeros del Público o Diario Jaén; es quedarte sin vida, como desgraciadamente ha ocurrido a los –parece ser- 81 periodistas asesinados en 2011 (46, confirmados; 35 están siendo investigados aún), según los datos ofrecidos por el Comité para la Protección de los Periodistas en su página web.

Pakistán es el país donde más casos se han registrado, con siete muertes, seguido por Irak y Libia, con cinco en cada uno. México, con tres, es el cuarto de los países en donde ser periodista es verdaderamente una jodienda.

Cuando estudié mi carrera, hace ya algún tiempo, lo hice por verdadera vocación. Y no sabéis cómo disfruté. Me lo pasé en grande. Aún hoy, cuando me siento a escribir estas líneas, o cuando escribo sobre exposiciones, o arte, o cultura, o sobre lo que me echen, me siento tranquila y me reconforta saber que tras unas páginas repletas de tinta, o, sencillamente, tras esta pantalla, solo se halla mi humilde y libre plumilla. Reconfortante, ¿verdad? Pero ¿podrá decir lo mismo Carlos Ramiro? No creo que este compañero, que lleva tantos y tantos años entregado a su profesión, pueda decir ahora lo mismo. No lo creo, de verdad. Como tampoco creo que puedan decirlo los familiares de los periodistas asesinados en el ejercicio de su profesión.

Por eso, todo mi respeto y admiración a la labor periodística. Que nada ni nadie silencie nuestra voz…

PD. Mucho ánimo también para la periodista Concha García Campoy, en su lucha contra la leucemia que padece.

No sabéis qué alegría me ha dado el cariño con el que habéis recibido la puesta en marcha de mi blog. ¿De verdad me queréis tanto?

Y, claro, no solo me ha dado alegría. Me ha dado un gran sentimiento de la responsabilidad. De la responsabilidad compartida. De la preocupación sana, si me apuráis. He pasado toda la noche, pensando en este blog que me trae de cabeza. Ayer, entre los comentarios que dejabais en facebook, comenzó a inquietarme el de mi muy querido José Fernando Peralta, uno de esos amigos de toda la vida, y miembro de la promoción 80-88 del Colegio CajaGRANADA que, por cierto, acaba de reencontrarse felizmente. Decía José Fernando que me encanta meterme en líos… ¡Y no sabe él qué razón tiene! Y añade, “¿sabes ya con qué tema vas a estrenar tu espacio?”

– “Glubs”, fue lo único que pude articular.

Pero es más, esta mañana, a las 8.30 de la mañana, recién aterrizada en el trabajo, tras estas empachosas fiestas, he aquí que mi compañera y amiga Silvia Chacón, me llamó expresamente para preguntarme si ya sabía lo que os iba a contar hoy. Y, claro, no pude por menos que repetir tan glorioso gesto. “Glubs”. Leo y releo vuestros comentarios y me da la sensación de que no merezco yo tantas algarabías… Pero como habéis lanzado mi ego y como estoy tremendamente agradecida, este post no puede versar sobre otra cosa que no sea el agradecimiento y la responsabilidad.

A la vista del trabajo de blogueros consolidados como Jesús Lens, me pregunto si, al igual que él, todos los días tendré algo que contaros. Algo que os interese, quiero decir, porque yo por hablar… Y, sobre todo, por escribir… Nunca me van a faltar las ganas. Me refiero a si podremos recurrir diariamente, o casi, a un tema de actualidad o, al menos, que nos invite a reflexionar y compartir este espacio. Quiero pensar que sí. Que no faltará nunca la palabra. Y, sobre todo, que no me faltará nunca vuestro cariño.

¡Gracias!

En la festividad de los Reyes Magos, quisieron Sus Majestades que naciera este nuevo espacio que hemos venido a llamar “De Cabeza”. Un blog en el que se ha empeñado mi muy querida Raquel. Sin su magia, os lo aseguro, esto no sería posible. Es más, no tendría sentido.

Nace hoy un nuevo proyecto que me trae de cabeza. Quizá, hoy más necesario para mí que nunca. Un espacio que nace con un único fin. Volver a traer a mi vida la magia de la palabra. Porque una vida sin palabra es un sinsentido. Porque una vida sin palabra es gris. Porque una vida sin palabra es yerma. Porque la palabra es un puto regalo, y por mucho más, utilizaré este espacio para escupir letras, para vomitar palabras, incluso sin sentido, para arrojarlas a quienes de vosotros, amig@s mí@s, queráis leerlas y acompañarme en esta pequeña travesía que iniciamos hoy.

Muchos y muchas de vosotras ya me conocéis y me seguisteis en aquel pequeño espacio interior al que os asomabais de vez en cuando, en myspace. Para otr@s será la primera vez que tengáis ocasión de acercaros un poquito más a mí –fuera de la barra de un bar, quiero decir-. Sueño con un blog de tod@s, que se convierta en  un espacio para la reflexión, para el debate, para la sana discusión… Un ágora en el que tenga cabida cualquier tema que nos interese, por estúpido que nos parezca. Para expresar, en definitiva, todo lo que nos venga a la cabeza. Y tod@s, estáis invitados.

 ¿Me acompañáis?