Entre pitos y flautas, llevo ya algunos días sin escribir. No era mi propósito cuando lancé este blog, pero, entre unas cosas y otras, ando ausente casi que de todo.

Extraña sensación esta que vivo. ¿Nunca habéis sentido que estáis como en el limbo? Pero literalmente me refiero. Ni aquí ni allá. Con la sensación de no poder echar raíces, pero con el temor de quedarte anclado, anquilosado… perdido en el tiempo. Mirando al futuro, sin quitar  ojo al pasado. Es una de las sensaciones más extrañas que he experimentado en los últimos años.

En cierta medida, siempre anduve a tientas, con mucho cuidado. Aunque puse mi vida patas arriba, cienes y cienes de veces. Bien lo saben quienes me rodean. Pero es que ahora es algo distinto. Será esta extraña sensación de vértigo, o el miedo, que como le he leído a mi amiga Silvia, parece ser el camino al lado oscuro… Porque reconozco que el miedo, en esta ocasión, me ha ralentizado. ¡Ojo! ¡Ralentizado, que no paralizado! Es tan rara esta sensación de letargo…

Y miren que he tenido miedo veces… Porque soy humana. Y les puedo decir, sin temor a equivocarme, que que por cada uno de los temores e incertidumbres que he pasado, he recibido mil inyecciones de vida. Y, siempre, siempre, y digo siempre, he salido fortalecida. ¿Por qué habría de ser esta vez distinta?

Así que por cojones, sí o sí, aquí estamos, preparados para lo que venga. ¡Y razón de más ahora!