Hoy, 8 de marzo de 2012, es un día especial para mí. Cargado de significado, pleno de emociones y sentimientos encontrados.

Hoy, Día Internacional de la Mujer,  quiero expresar mi felicitación a todas las mujeres, sean de donde sean, de cualquier rincón del planeta, TRABAJADORAS todas por el mero hecho y orgullo de haber nacido MUJER.

Mi recuerdo y mi sentimiento con las mujeres que sufren, víctimas de la violencia machista o de género o como prefieran llamarlo. Que la violencia es violencia siempre. Y siempre, desgraciadamente, hay una víctima que, en el caso que nos ocupa, es LA MUJER.  

Pero en mi vida, el 8 de marzo de 2012, significará mucho más. No es un jueves cualquiera, es un jueves que mira al futuro y que marca el fin de una etapa. Claro que no hay puerta que se cierre, sin que se abra otra.

Hoy, 8 de marzo, y con los ojos un poco empañados en lágrimas –no voy a mentirles- amanezco con la obligación de gritar a esta Granada mía un “hasta pronto”. Han querido el destino y estos tiempos que nos ha tocado vivir que me separe –solo un poco- de esta tierra mía. De esta Granada, a la que he amado y he odiado, a la que he ensalzado y a la que he criticado, a esta Granada mía que abanderaré vaya por donde vaya.

Que mi Granada es muy grande. Como lo es su gente. Que ser granadina, hoy, 8 de marzo, como ser mujer, es un puto lujo del que pienso presumir porque sí, porque me da la gana. Porque esta tierra milenaria,  ejemplo de convivencia, germen de cultura, testigo de la historia, no es una tierra infecunda como muchos quieren hacernos ver.

Granada es Granada y hoy, 8 de marzo, tiene rostro de mujer.