Después de un tremendo madrugón, al que –me temo- he de acostumbrarme, al fin, estoy en Madrid. En esta ciudad que se me antoja tan inmensa, tan cosmopolita, tan multirracial, tan, tan, tan… Curioso, para una ciudad tan grande, tan pocas palabras…

Hoy, me he puesto –al fin- en situación y he aterrizado en las instalaciones de BMN. ¡Impresionante el olor a nuevo! ¡Impresionante las caras conocidas! ¡Impresionante el recibimiento de mis compis! Nunca, y lo digo en serio, tendré suficientes palabras de agradecimiento por tanto cariño.

Ahora, todo es comenzar. Os lo decía el otro día. Una puerta que se cierra, frente a otra que se abre. Esta gran ciudad que es Madrid, con todo lo que representa, frente a mi Granada…  En Madrid, todo parecen ser sensaciones fuertes. Nuevos retos –profesionales y personales- en lo que, espero, se convierta una grandísima nueva etapa en mi vida. Siempre he luchado por un sueño, el periodismo, y ha querido el periodismo traerme aquí…

Tengo miedo, como no podía ser de otra forma. Pero no me paraliza. Añoro mi Granada y todo lo que significa. Madrid me ha abierto hoy sus puertas. Espero que con cariño. Y mi temor, os lo digo ya, no me va a frenar.  Vengo dispuesta a darlo todo. A aprender mucho. A luchar, y a abrirme camino.  A empaparme de conocimientos y de experiencias.

Mientras tanto, Granada, espérame. ¡Amenazo con volver!