Archivos para el mes de: junio, 2012

7.30 horas. He pasado la noche inquieta. No es la primera. No sé si estaré a la altura. Llevo días concienciándome. No quiero fallar. Tengo –tenemos- que conseguirlo.

9.00 de la mañana. Mi hermana Chica, que se estrena. Raquel y yo. Carretera de la Zubia. Una marea humana invade el Zaidín. Se mire  por donde se mire, desde la Carretera de Huétor. Todo es azul. Y rosa. Los vellos comienzan a ponérsenos de punta.

9.10 horas. Comenzamos el ritual. Como el año pasado. Cuidadosamente, nuestros dorsales al pecho –que esta fiesta de la mujer, la vivimos con el corazón-. Números que, a priori, no significan nada. Para nosotras, números que no podremos olvidar.

9.20 horas. Calor de justicia. La sensibilidad a flor de piel. Más de 4.000 personas se contaron ayer en las calles del Zaidín. Cada número, un rostro, una historia, una razón. Y todas, la misma lucha. Una chica joven, que ni puede ni quiere olvidar, luce en su camiseta unas palabras que decían más o menos así: “Va por ti, Patri. Siempre estarás conmigo :)”.

9.25 horas. Gente de todas las edades que se agolpa en la salida. Cada vez más nervios. Camisetas azules y lazos rosas.  Antes del pistoletazo de salida, unas emotivas palabras de agradecimiento para organizadores, patrocinadores, voluntarios y para los miles de personas que participarán en la III Carrera de la Mujer Contra el Cáncer de Mama.

9.30 horas. Una nube de globos rosas sobrevuela el cielo de Granada. ¡Y pistoletazo de salida! Solidaridad que corre por las piernas.

Pensamientos de todo tipo nos sobrecogen. Hace calor. Estamos contentas. Nos emocionan los aplausos y las palabras de aliento de la multitud que se da cita en las calles de Granada para animar a tan solidarios corredores.

Nos flaquean las piernas, pero continuamos, porque, aunque no somos expertas corredoras, nuestro único objetivo hoy es llegar. Llegar a la línea de meta. Por muchos motivos. Uno, fundamental, nuestra particular lucha contra esta causa.

Según, la AECC, el cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. Solo en España, se diagnostican alrededor de 22.000 cánceres de mama al año.  El diagnóstico precoz es vital en la evolución de la enfermedad. Y la investigación,  fundamental. Las posibilidades de curación de los cánceres de mama que se detectan en su etapa inicial son prácticamente del 100%. Luchemos tomando conciencia.

9.58 horas. Vislumbramos la meta, en el Parque Carlos Cano. Cada vez más gente solidaria animándonos.  Apretamos el paso.  No queremos perder ni un segundo más.  Tras 28 intensos minutos, ¡cruzamos, al fin, la línea de meta! No es ninguna gesta gloriosa, claro que no, ¡pero lo hemos conseguido! Chocamos nuestras manos. Y celebramos nuestra particular victoria.

Todo el mundo está allí, cada una a su ritmo, cada una celebrando su causa. Raquel, mi hermana Chica, Mariki ,Macc, Ro, Vane, Eva, Laura, Olga, Bea,… ¡Todas están allí! Un año más. Todas, disfrutando de esta maravillosa jornada de domingo. A todas ellas, mis felicitaciones.

Ahora, un agradecimiento. A los organizadores. Al Ayuntamiento de Granada, a Deportes Olimpo. A la marea amarilla de voluntarios. A l@s más de 4.000 participantes. A tod@s ell@s, gracias, gracias, y gracias por hacer realidad esta maravillosa Carrera contra el Cáncer de Mama, a beneficio de  la Asociación Española Contra el Cáncer de Granada.

Y, para terminar, un reto, ¿creéis que el año que viene podremos ser más de 5.000? Nosotras, ¡allí estaremos!

Lo confieso. Se lo tengo que contar. Perdónenme. Ayer flipé ¡y mucho! Hacía mucho, pero que mucho, que nada ni nadie me hacía flipar tanto. Aluciné en colores.

-Con esta introducción (imagino) ya tendrán ganas de seguir leyendo, ¿verdad?-

Bien. Les cuento. Ayer retomé mis clases en yoga. Claro que no lo  hice en Monachil, como antaño, ni en Granada, como más antaño aún, ni en Málaga que ¿para qué les voy a contar ya el tiempo que hace?

Ayer, después de mucho buscar –siempre hay que tener cuidado en esto-, comencé mis clases de yoga en Madrid. En una academia que no pinta nada mal. Inicié, para ser más exactos, mis clases de hatha yoga, que,  para los que no lo sepan, es una técnica milenaria que nos ayuda a poner en marcha el libre flujo de la energía, la sangre, el sistema nervioso… de cuerpo y mente, en definitiva –o eso se intenta-. Soy de las que piensa –y estoy convencida- de que el estancamiento de la energía es una de las más importantes causas de la enfermedad física y psíquica. Pues he aquí, que nos hemos puesto manos a la obra.

Que ¿qué es el Hatha yoga? Se preguntarán muchos de ustedes. Pues “yoga” significa “unión”; “ha” proviene de la palabra “sol”; y “tha”, de la palabra “luna”. Hatha yoga…  unión del sol y la luna. ¿No les parece bello?

La experiencia y el tiempo me han demostrado que para practicar esta técnica, no se ha de estar en un perfecto estado de forma. Cualquiera puede practicar Hatha yoga. Cada uno a su ritmo, marcándose sus tiempos, hasta donde dé de sí el cuerpo. Y cada uno sabe sus límites. Estiramientos, diferentes respiraciones, relajaciones… sin duda, ¡apto para todos los públicos!

Recuerdo en Monachil, una señora de más de 80 años (y no les exagero nada),  que practicaba yoga con más pasión y más elasticidad que cualquiera de nosotros. Goza de una salud formidable, se lo puedo asegurar. Y de una vitalidad que ya quisiéramos la mayoría de nosotros. Ella asegura que todo se debe a que lleva entregada al yoga mucho más de la mitad de su vida, lo cual debe hacernos pensar si, de algún modo,  no estaremos equivocados con nuestra ajetreada vida occidental – ¿quizá también accidental?-.

Tal que ayer, me encontré con un grupo integrado por unas diez personas, incluida yo, en una espacioso habitáculo lleno de plantas e impregnado de buen rollo por doquier. Nada más llegar, nos tumbamos para hacer unos ejercicios de respiración. En fin, una vez tumbada y envuelta por un silencio ensordecedor, el profesor nos pidió que, además de respirar acompasadamente, como los bebés, dibujásemos una sonrisa interior… ¡Cuál fue mi sorpresa! ¡Una sonrisa interior! Como cinco minutos, que se me hicieron eternos, intenté hacerme a la idea. Una sonrisa interior, una sonrisa interior… Me repetía una y otra vez. Porque no consistía en imaginar una sonrisa, no, ¡consistía en dibujar una sonrisa interior! Hoy, he amanecido con la sensación de que, sin saber bien lo que es,  es más, sin tener ni puñetera idea, no debo dejar de sonreír interiormente. ¿Encontraré así la paz? “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, que decía el gran Mahatma Gandhi.  ¿Me acompañan?