Yo no sé, si pecaremos de poca originalidad o qué, pero este fin de semana, como otros tantos millones de espectadores, hemos sucumbido a  la tentación de disfrutar –más bien de sufrir de lo lindo-  con  “Lo imposible”, la esperada cinta de Juan Antonio Bayona, protagonizada por Ewan McGregor y Naomi Watts.

 “Lo imposible”, un impresionante tsunami en taquilla. O lo que viene a ser lo mismo, un taquillazo en toda regla. Y es que, en su segundo fin de semana, la cinta está consiguiendo lo imposible, tras recaudar más de seis millones de euros.  Y, desde su estreno, suma ya la nada desdeñable cantidad de diecinueve millones y medio de euros. Ahí, lo lleváis. Arrasando, como aquel 26 de diciembre de 2004, en que “el mar se tragó la tierra”… (Olalla Cernuda, para El Mundo).

Nadie duda de una titánica campaña de marketing ni del excelente funcionamiento del boca a boca. Es más nadie duda de la calidad técnica de esta superproducción española. Si no, de qué dos grandes como Ewan McGregor y Naomi Watts iban a sufrir –y hacernos sufrir- hasta la extenuación.

Creo que en nuestro pase no hubo más vértigos ni más desmayos ni más vómitos ni más espasmos que los sufridos por los protagonistas. Corre como el polvorín que de un extremo a otro del país –y nadie sabe por qué- los espectadores son víctimas de una sintomatología que nadie, ni siquiera el marketing o el  poder de los medios,  sabe explicar. Quizá la ola, quizá el realismo de los golpes, de la sangre en las heridas, quizá la solidaridad… ¿El síndrome de Sthendhal ante una gran obra de arte? ¿Quién sabe?

“Quedaban apenas unos  minutos para las ocho de la mañana del 26 de diciembre cuando la tierra tembló a cuatro mil metros de profundidad en el Océano Índico, a unos 260 kilómetros al oeste de la costa de Aceh, en Indonesia. Mientras tanto, en las paradisíacas costas de Tailandia, Indonesia, La India, Sri Lanka y los países del sureste asiático se disponían a iniciar una nueva jornada de sol y playa. Ni los más agoreros pensaban que muchos de ellos no verían nacer el año nuevo (…)” –Olalla Cernuda-

El drama de la familia Bennet , en “Lo imposible”, es el drama de los miles de turistas que pasaban aquellos días sus vacaciones en complejos hoteleros de lujo y que corrieron la misma suerte…

En fin, que si quiere pasar un mal rato de lujo con una gran producción española, no se pierda “Lo imposible”.  Por el contrario, si es un ser aprensivo, si padece del corazón, si, desde “Tiburón” siente talasofobia  o si lo suyo es la ansiedad y el catastrofismo… deje “Lo imposible” para otra vida…