Archivos para el mes de: noviembre, 2012

Ya lo decíamos.

Intentar comprender las entrañas de la RAE, nos sigue trayendo dCabeza. Al menos a quien suscribe estas palabras.

No será una servidora quien pretenda sentar cátedra. Ni cuestionar decisiones que, con frecuencia, se convierten en verdaderos campos de batalla entre estudiosos y académicos. Desde mi humilde posición, solo aspiro a poner  un poco de luz, a partir de  un español claro y legible, en toda esta marabunta.

A usted, amigo lector, que, seguramente y con frecuencia, se enfrenta a un folio en blanco, ¿nunca le surgen dudas? Por ejemplo, y en esto-entre otras cuestiones- llevamos algunos días erre que erre, ¿dónde colocaría el punto después de los signos de comillas?

Pues este, que parece un sano debate, ha suscitado agrias polémicas. A pesar de que la RAE -y sus académicos sí que pueden hacerlo- ha pretendido cortar la cuestión de raíz. Por el camino más corto, si me lo permiten. Y, así, dice la RAE  en  su nueva y polémica Ortografía (sic) que “(…) independientemente de que el texto entrecomillado abarque todo el enunciado o solo parte de él, el punto se colocará SIEMPRE detrás de las comillas de cierre”. (Y punto)

“No está el horno para bollos”. Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.

Añade que la norma debe aplicarse, incluso si delante de las comillas aparece un signo de interrogación, exclamación o puntos suspensivos.

“¿Cree que ha terminado aquí el debate?”. (Y punto)

¡Y la aparición de dos puntos con la misma función dentro de una misma frase, créanme, no les parece una aberración! Ni nada que se le parezca.

Claro, y he aquí las voces disidentes. Voces autorizadas como las de D. José Martínez de Sousa que, en su reflexión “La ortografía académica del 2010 (cara y dorso)” defiende, que esta forma de escribir es absolutamente inaceptable en español. (“Sobrepuntuación”, la denomina, para ser más exactos).

Sugiriendo, además, Martínez de Sousa, llevando la contraria a la RAE, que si el entrecomillado constituye una frase independiente –comienza tras un punto o signo que haga las veces- el punto (de cierre), y permítanme la redundancia, ha de ir dentro de las comillas.

No deje de leer. “Aquí no ha terminado el debate. ”

Que no es igual que decir:

No deje de leer que “aquí no ha terminado el debate”.

Una servidora, como ya les dijo una vez, en “Una de ex”, acatará las normas. Pero no les quepa la menor duda… ¡Las seguirá cuestionando!

#25N Cataluña lo ha dicho alto y claro: “Hay vida Mas allá”

Aunque han dado la vuelta al mundo, tomo esta imagen prestada del amigo Jesús Lens y, en concreto, de su blog http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo/.

Son las imágenes tomadas por Mohammed Salem, de la agencia Reuters. La imagen habla por sí misma. Franja de Gaza. Un grupo de palestinos arrastra el cuerpo de un hombre acusado de espía. “Pillado con las manos en la masa”, como han asegurado un grupo de estas malas bestias a la radio de Hamas Al Aqsa.

Está claro. Nadie lo duda. La ofensiva israelí sobre Gaza está siendo estos días especialmente cruenta, y como siempre, con los más débiles,  con la población civil, con las mujeres, con los niños. Pero nada, nada justifica esta barbarie -ni de un lado ni de otro- ante la  impasible mirada de la Comunidad Internacional.

Inevitablemente, me vienen a la cabeza estas otras imágenes.

¿Las reconocen? Son imágenes captadas en 1987, en lo que se vino a denominar la primera -y desde mi punto de vista, única- Intifada, que en árabe, significa “levantar la cabeza”.  Como la levantó un pueblo entero, el palestino, arrojando piedras contra las todopoderosas Fuerzas Israelíes. 

Y esta otra imagen, ¿la recuerdan?

Sí, no lo olviden. En 1994, el dirigente palestino Yasser Arafat fue reconocido, junto con el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y su  ministro canciller Shimon Peres, con el premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos para lograr imponer la necesaria paz en Oriente Medio. ¿En qué ha quedado todo esto?

A esta hora, 21.30, todo apunta a que palestinos e israelíes han acordado un alto el fuego. Pero el daño irremediablemente ya está hecho.

Perdónenme, es que en días como hoy, me avergüenza ser de esta raza que llaman humana.

Y que nadie pierda de vista esta frase del gran Mahatma Gandhi, que significa “Alma Grande”: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.

Andan los ánimos revueltos, ¿no les parece? La gente está tan cabreada que ya no sabe cómo va a protestar y conseguir llamar la atención. Pero no pierde el humor. Y el efecto llamada es tremendo.

Según recogen hoy el diario Ideal y otros medios, Asociaciones y sindicatos andan esta semana haciéndose oír, bajo el lema “Los políticos nos la chupan… nosotros la donamos”, en un ingeniosa campaña de donación de sangre y reivindicación…

En Madrid, dicen, encontramos la peluquería “Rajoy” -especializada en recortes-.

Y “las putas insisten en que los políticos no son sus hijos…”

Se puede decir más alto, pero no más claro. Y usted ¿tiene algo que decir?

 

Trepidante. Delirante. Fresca. Valiente. Desquiciante. Inteligente. Arriesgada. Infartante.

De momento, no le encontramos ningún “pero”. O quizá sí. Ha llegado a un punto tan, pero tan bestial, tan álgido, tan crucial, tan, tan, tan… que a ver cómo resuelven la trama y sacan a los personajes de este embrollo.

¿Qué aún no saben de qué les hablo?

De Homeland. La serie que, junto a The Newsroom, Scandal y alguna otra, está haciendo mucho más llevaderos estos primeros domingos de frío.

Justamente aclamada por el público y la crítica, Homeland atesora dos Globos de Oro –mejor serie dramática y mejor actriz- y clara triunfadora en los Premios Emmy 2012 –incluyendo mejor serie dramática, y el galardón para sus protagonistas principales, Claire Danes y Damian Lewys-.

Si algo caracteriza a Homeland, además de que es capaz de mantener en vilo al espectador de principio a fin -¡incluso en su segunda temporada!- es que, políticamente, representa una apuesta valiente y arriesgada. Sobre todo, para la muy conservadora y patriótica visión norteamericana. Y es que Homeland nos invita a reflexionar sobre la incuestionable bondad del sistema estadounidense. Nos invita a reflexionar sobre si –siempre- el fin justifica los medios. Nos invita a reflexionar, incluso, sobre las desproporcionadas acciones disuasorias de un estado en permanente alerta ante la amenaza del terrorismo islamista.

Por eso, créanme, hasta el momento no creo que en Homeland, haya ni buenos ni malos. Solo un plantel de personajes que actúan y se relacionan. Que dudan y se cuestionan. La  genialidad de la obsesión in extremis; y de la locura… Y del sentido de la justicia. Y de la desconfianza. Y de la política. Y del espionaje. En Homeland nada es como creemos. Cualquier teoría se desmorona en un instante. Como el sistema.

Basada en la serie israelí Hatufim (Secuestrado) Homeland es la historia de dos personajes antagónicos.  Brody, un marine norteamericano que, desaparecido y dado por muerto en Irak, reaparece tras ocho años de cautiverio, provocando el delirio de Carrie, una agente de la CIA, que, tras los fallos del 11 S, vive obsesionada por evitar otra masacre.

A partir de ahí, querido lector, siéntese, y déjese llevar.

No hacía falta. Ni mucho menos. Pero, por fin, el Constitucional ha avalado la decisión adoptada por el Gobierno de Zapatero allá por el año 2005. Y el matrimonio gay, como titula el diario El País en su edición online, es constitucional. Sin peros. Sin reparos. Es constitucional y punto. Y no hay más que hablar. Y así lo han decidido 8 magistrados frente a 3 del Tribunal Constitucional.

¿Recuerdan el artículo 14 de la Constitución española? Ahí lo llevan.

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Y, como no podía ser de otra forma, las redes están que arden. Trending Topic en nuestro país.  Parece que muchas y muy distintas voces hoy, tras más de 22.000 matrimonios entre personas del mismo sexo, proclaman que #AmarEsConstitucional  y el #MatrimonioIgualitario.

Cuando oí el timbre del teléfono, apenas pude dibujar una sonrisa. Por fin, comenzaba a diluirse en mi recuerdo aquel otro despertar en una sombría noche de invierno, cuando a todos nos sobrecogió el sonido del celular. Casi veinticuatro años después. Volvió a sonar el teléfono, cual canto de vida.
Apenas despuntaba el alba. Y como un timidísimo rayo de luz, comenzaba a abrirse camino un bello y pequeño atisbo de vida. Roto el silencio y templados los nervios, una algarabía contenida que celebraba el nacimiento de un nuevo ser. Comenzaba el alumbramiento de un alma, de una pequeña tabula rasa. Todo un futuro por delante.  Y una vida por escribir.

Aquel 5 de noviembre era viernes. Lucía un sol radiante. Según los periódicos, aquel día del año 2010, Al Qaeda reivindicaba el envío de paquetes explosivos a EEUU; dos periodistas españoles fueron agredidos mientras cubrían un juicio contra activistas saharauis; y el huracán “Tomás” comenzaba a provocar las primeras inundaciones en Haití.

Contracciones de vida se sucedían a lo largo del día. O eso debía de pensar yo. La espera se hacía larga y la ilusión por besar su pequeño rostro crecía segundo a segundo, como crecía la tensión de cuantos allí nos congregábamos. Y, conforme avanzaba el día, créanme, éramos más. Ansiosos todos por intuir el color de sus grandes ojos, por acariciar sus pequeñas manos, y por encontrar esos inhallables parecidos que no nos cansamos de buscar.

Fue a las 19.10 horas del día 5 de noviembre de 2010, cuando rompió en su primer llanto a la vida. Un clamor que, imagino, nunca olvidarán sus felices papás, mi hermano Manolo y mi cuñada Silvia, que tanto deseaban concebir esta nueva vida. Silvia María ya estaba aquí. Con sus tres kilitos, tan blanquita, con unos inmensos ojos ansiosos de descubrir este nuevo mundo al que había llegado, queriendo hablar y aprendiendo a esbozar sus primeras sonrisas.

Silvia María Paiz Torrecillas, la más pequeña de mis princesas, junto a Alba y María, y por las que bebo los vientos.

Así que algún día, pequeña Silvita, cuando dejes de balbucear mi nombre y reconocerme como la “Tita de Memé”, entenderás cuánto sentimiento albergo en estas palabras…

En tu segundo año de vida, ¡muchas, pero que muchas felicidades!