Archivos para el mes de: diciembre, 2012

Como consecuencia de la desnutrición, en muchos lugares del mundo. los niños no cumplen años, apenas cumplen días…

No hablamos ni de un caso ni de dos ni de tres. 20 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda grave en todo el mundo. Un mal que es prevenible y tratable.

La desnutrición aguda altera los procesos vitales de los niños que la padecen. Es la consecuencia más grave del hambre. Cuando es moderada requiere un tratamiento inmediato para evitar que el niño empeore y se convierta en desnutrición aguda grave, lo que conlleva un alto riesgo de mortalidad. El coste de un día de tratamiento contra la desnutrición aguda para un niño es 1,20€. El tratamiento completo, el que saca a un niño de la desnutrición aguda y de un alto riesgo de mortalidad, dura entre 4 y 6 semanas y cuesta unos 42 euros.

UNICEF

Hay muchas formas, con las que puedes colaborar. Difundiendo la campaña a través de tu página web, blog o redes sociales. También puedes enviar un sms con la palabra UNICEF al 28028 o realizar tu aportación en www.retounicef.es.

“Elige la tuya ahora, porque para ellos, cada día puede ser el último”.

Es nuestra obligación moral aportar siquiera un pequeño granito de arena para evitar que la desnutrición grave alcance a más niños y niñas.

Por ell@s, por cada uno de ell@s, debemos difundir la voz y denunciar esta injusticia. Entre tod@s podemos combatir esta lacra que, aún en el siglo XXI, asola a la  población infantil.

Cada niñ@, un rostro y una vida que merece ser contada y rescatada del olvido.

Desde que el mundo es mundo, hemos asistido en innumerables ocasiones a su fin. Desde el Apocalipsis, al Fin de los Tiempos, al Juicio Final, pasando por Nostradamus… Y, desde hace algún tiempo, toma fuerza, el presagio Maya.

FIN DEL MUNDO

La creencia se basa en que ese día, el 21 de diciembre termina el calendario Maya. Para más inri, el 21 de diciembre de 2012, a las 12 horas y 12 minutos -según hora peninsular-, comenzará la nueva estación de invierno.

Calendario maya y el fin del mundo

 

Según los más catastrofistas, el próximo viernes, la mayoría de los aquí presentes pasaremos a mejor vida . ¿Asistiremos al fin de la civilización humana? ¿A la extinción de la raza quizá? ¿A la destrucción de la Tierra por la colisión de algún asteroide? ¿A alguna tormenta solar?

A mí, si algo me tiene que pasar, como ya he dicho cienes y cienes de veces, que me pille bailando. Eso sí, desde ya, les digo que deseando, deseando…  ¡lo que de verdad deseo es que me toque la lotería de Navidad!

¡Salud y buena suerte!

 

 

Hoy es uno de esos extraños días que quedará impregnado en nuestras retinas por mucho tiempo.  Hoy, 10 de diciembre, como cada año desde 1950, (casi) todo el mundo conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos. Una celebración con la que la ONU nos recuerda la necesidad de que todos los Estados, y digo todos, cumplan y hagan cumplir una serie de normas de convivencia, donde impere ¡nada más y nada menos que el sentido común! Qué cosas.  Normas de convivencia que garanticen el respeto y la dignidad de las personas. Que parece mentira que, en el año 2012, aún tengamos que celebrar un día como este. Pero es que en pleno siglo XXI, hay países que desconocen el significado de la libertad y la plena igualdad de los seres humanos. Que hay condiciones y derechos que no nos son tan inherentes. Que a nadie se le olvide.

Pero es que hoy, 10 de diciembre de 2012, ante la mirada atónita y crítica de un buen puñado de ciudadan@s descontent@s, la Unión Europea ha recibido el Premio Nobel de la Paz, para el que había sido nominada en varias ocasiones, pero que nunca había logrado. Y es, desde hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, Premio Nobel “por el avance de la paz y la reconciliación en Europa”, así como por el “establecimiento de la democracia y de los derechos humanos” en el aún conmocionado, cicatrizante y viejo continente.

UNIÓN EUROPEA
El Nobel reconoce la transformación “de un continente de guerra en un continente en paz”. ¿O acaso olvida alguien el atroz sufrimiento del conflicto más mortífero de la historia de la humanidad? Durante décadas, Alemania y Francia combatieron en diferentes contiendas. ¿Es, acaso, hoy pensable una afrenta entre estos Estados más allá de los despachos, las palabras, los gestos y los medios de comunicación?

Indudablemente, el premio no llega en su mejor momento. Much@s lo acusan de hipocresía. Y es que el reconocimiento llega en un momento de una crisis económica que nadie sabe cuándo tocará fin. Son muchas las voces que afirman que estamos ante una Unión Europea inmoral que se muestra más insolidaria que nunca y que asfixia a los países del Sur. Una Unión Europea que exige recortes en derechos inherentes como la educación o la sanidad pública, que promueve políticas que contribuyen al crecimiento de la pobreza y de la desigualdad social. Una Unión Europea que no ha sido capaz de entenderse en una salida de la crisis para la zona euro. Una Unión Europea antidemocrática. Una Unión Europea que ni siquiera llevó una postura común a la ONU sobre la admisión de Palestina como Estado observador.

Las redes arden. Claro, estamos en un mundo globalizado. A favor y en contra. Sobre todo, en contra.

Y usted, amigo lector, ¿qué opina? ¿Un galardón justo o injusto? ¿En el momento apropiado o inapropiado? ¿Un espaldarazo al euro? ¿Un reconocimiento interesado?

Sea como fuere, guste o no, la Unión Europea forma parte, desde hoy, del muy selecto grupo de distinguidos Premios Nobel de la Paz. Y, eso, querido lector, es así.

Alrededor del 15% de la población mundial –mil millones de personas- vive con algún tipo de discapacidad. (O mejor, di-capacidad). Seguramente, much@s de los que hipotéticamente formamos parte de ese otro  85% de la población, ignoramos o no somos conscientes, o sencillamente vivimos de espaldas, a  la problemática y a los obstáculos a los que, cada día, se enfrenta este numerosísimo grupo de valientes.

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Momentos como el actual, marcados por una acuciante crisis, se ceban de forma especialmente virulenta con los sectores más vulnerables y con evidentes posibilidades de quedar excluidos de la sociedad. Y es que es fácil cerrar los ojos ante el drama de miles y miles de familias, y no querer ver. Que ojos que no ven, corazón que no siente.

Intensificar los esfuerzos, avanzar en la protección de los derechos, en la inserción socio-laboral y fomentar la calidad de vida de las personas con discapacidad no puede resumirse en una mera declaración de voluntades. La  protección de las personas con discapacidad y sus familias es nuestra obligación. La de tod@s y cada uno de nosotr@s. Y sobre todo, la de quienes democráticamente nos representan. Es una obligación en la que las administraciones públicas no pueden ni deben  recortar.  Derechos irrevocables e innegociables. Sobre todo, innegociables.

Por cada paso que se dio, se han retrocedido otros tantos. En los últimos tiempos, la Ley de Dependencia ha sido diezmada y cuestionada, a golpe de tijera. Y es que esta crisis, que parece no tener fin, se está cebando con quienes más necesitan del apoyo de la sociedad.

Pero hoy, 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, como cualquier otro, es el día de est@s valientes y de sus cuidadores. Y tod@s ell@s merecen que alcemos nuestras voces al unísono, clamando justicia. Y nada, ni siquiera esta maldita crisis, justifica que mermen nuestros derechos a golpe de mando y tijera. Que el fin no siempre justifica los medios. Que el sí por el sí no siempre vale. Y que actuar impunemente contra quienes más lo necesitan es hoy, más que nunca, abominable.

Que nada ni nadie ahogue nuestra voz.