Hoy es uno de esos extraños días que quedará impregnado en nuestras retinas por mucho tiempo.  Hoy, 10 de diciembre, como cada año desde 1950, (casi) todo el mundo conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos. Una celebración con la que la ONU nos recuerda la necesidad de que todos los Estados, y digo todos, cumplan y hagan cumplir una serie de normas de convivencia, donde impere ¡nada más y nada menos que el sentido común! Qué cosas.  Normas de convivencia que garanticen el respeto y la dignidad de las personas. Que parece mentira que, en el año 2012, aún tengamos que celebrar un día como este. Pero es que en pleno siglo XXI, hay países que desconocen el significado de la libertad y la plena igualdad de los seres humanos. Que hay condiciones y derechos que no nos son tan inherentes. Que a nadie se le olvide.

Pero es que hoy, 10 de diciembre de 2012, ante la mirada atónita y crítica de un buen puñado de ciudadan@s descontent@s, la Unión Europea ha recibido el Premio Nobel de la Paz, para el que había sido nominada en varias ocasiones, pero que nunca había logrado. Y es, desde hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, Premio Nobel “por el avance de la paz y la reconciliación en Europa”, así como por el “establecimiento de la democracia y de los derechos humanos” en el aún conmocionado, cicatrizante y viejo continente.

UNIÓN EUROPEA
El Nobel reconoce la transformación “de un continente de guerra en un continente en paz”. ¿O acaso olvida alguien el atroz sufrimiento del conflicto más mortífero de la historia de la humanidad? Durante décadas, Alemania y Francia combatieron en diferentes contiendas. ¿Es, acaso, hoy pensable una afrenta entre estos Estados más allá de los despachos, las palabras, los gestos y los medios de comunicación?

Indudablemente, el premio no llega en su mejor momento. Much@s lo acusan de hipocresía. Y es que el reconocimiento llega en un momento de una crisis económica que nadie sabe cuándo tocará fin. Son muchas las voces que afirman que estamos ante una Unión Europea inmoral que se muestra más insolidaria que nunca y que asfixia a los países del Sur. Una Unión Europea que exige recortes en derechos inherentes como la educación o la sanidad pública, que promueve políticas que contribuyen al crecimiento de la pobreza y de la desigualdad social. Una Unión Europea que no ha sido capaz de entenderse en una salida de la crisis para la zona euro. Una Unión Europea antidemocrática. Una Unión Europea que ni siquiera llevó una postura común a la ONU sobre la admisión de Palestina como Estado observador.

Las redes arden. Claro, estamos en un mundo globalizado. A favor y en contra. Sobre todo, en contra.

Y usted, amigo lector, ¿qué opina? ¿Un galardón justo o injusto? ¿En el momento apropiado o inapropiado? ¿Un espaldarazo al euro? ¿Un reconocimiento interesado?

Sea como fuere, guste o no, la Unión Europea forma parte, desde hoy, del muy selecto grupo de distinguidos Premios Nobel de la Paz. Y, eso, querido lector, es así.