Archivos para el mes de: enero, 2013

En medio de gran expectación y parafernalia… Y solemnidad. Y  la espectacularidad que acompaña a todo lo estadounidense. Ante el cerca del millón de personas que esperaban ansiosas las palabras de su presidente. Ante los algo más de 300 millones de estadounidenses.  Ante la mirada atenta de la población mundial… Volvió a hacerlo.

Y Obama volvió a emocionarnos. Al menos -y seguro que a alguno más- a la que suscribe estas palabras. Decir a estas alturas que los discursos de Barack Hussein Obama emocionan es como decir que el cielo es azul o que el agua es clara. Pero es que a una servidora como yo, amante de la palabra, el verbo nos sigue emocionando. A pesar de que, ahora más que nunca, lo que necesita la humanidad son hechos.

Ayer, lejos -muy lejos- de los muy yermos debates sobre política -en minúsculas- y la cuestionada gobernabilidad y honorabilidad de dirigentes como los nuestros, en su segundo discurso de investidura, ese señor negro que gobierna en EE. UU. y que es uno de los hombres más poderosos del mundo, recuperó el discurso de la esperanza, de la libertad, de la igualdad y de la paz.

U.S. Presidential Inauguration 2013

Obama habló de una libertad que debe ser cuidada por el pueblo, que no puede sobrevivir ni medio esclava ni medio libre. Habló de la prosperidad de los pueblos, gracias al progreso, a las infraestructuras y a la educación. Habló de un mercado libre que asegure la competencia y el juego limpio. Habló de proteger a los más vulnerables del sistema. Habló del fin de una década de guerra, como habló del comienzo de la recuperación de la economía americana. Habló del empoderamiento de las clases medias, de la prosperidad y de la dignificación del trabajo. Habló del innegable cambio climático y de nuestra obligación con las generaciones futuras. Habló de igualdad, de la necesaria e irrenunciable igualdad de las mujeres; de la población homosexual; y de los inmigrantes. Y, nos recordó, sobre todo que recuperar el discurso de la paz, la lucha y la entrega de Martin Luther King, es un acto tan necesario como saludable.

Palabras que Barack Hussein Obama pronunció ayer desde la responsabilidad consciente y que, naciendo como nacen en EE. UU., permiten vislumbrar a todo el mundo un poquito de luz. Con todo un mandato por delante, ahora, viene la difícil tarea de convertir tan bellas palabras en hechos necesarios. Four years more…

No siendo (ejem) una gran defensora de los gerundios, en esta ocasión, me veo obligada a utilizar algunos.

Y es que ha vuelto a hacerlo. ¡Homeland ha vuelto a hacerlo! Arrasando  esta noche en la 70 edición de los Globos de Oro. Afianzándose, consolidándose, reafirmándose como una de las series del año, como una serie imprescindible que hay que ver sí o sí.

Casi que me atrevo a decir que no ha habido sorpresas… De ningún tipo. Y eso que se enfrentaba a otros pesos pesados como The Newsroom o Downton Abbey

Homeland Globos de Oro

Ya lo decíamos en Homeland-Manía, hace algún tiempo, cuando nos declarábamos, como no podía ser de otra forma, homelandmaníacos. “Trepidante. Delirante. Fresca. Valiente. Desquiciante. Inteligente. Arriesgada. Infartante”. Por reducirla, si me lo permiten, solo a un puñado de adjetivos.

Por segundo año consecutivo, Homeland se hace con el Globo de Oro a la mejor serie dramática del año; también por segundo año (y ya van cuatro…), Globo a la mejor actriz, Claire Danes, que encarna a la delirante agente Carrie; y, estrenándose este año en los Globos de Oro, Damian Lewis, el contradictorio y controvertido sargento Brody.  Por contra, se fue de vacío el veterano Mandy Patinkin (Saul Berenson, jefe de división de la CIA), en la categoría de mejor actor secundario.

En fin, y por ir concluyendo, que si aún no han visto Homeland, francamente, no sé a qué esperan…