Según la Asociación Española contra el Cáncer, en España, se diagnostican alrededor de 22.000 cánceres de mama al año. El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. Las posibilidades de curación en los cánceres que se detectan en su etapa inicial son prácticamente del cien por cien. De ahí, la importancia del diagnóstico precoz y de la investigación.

Hace poco, hablaba con una buena amiga. Con una de esas luchadoras anónimas que se han tenido que enfrentar al cáncer de mama. “Nunca he sentido que iba a morir –me contaba- pero he sufrido muchísimo”. Los efectos secundarios de los tratamientos fueron devastadores. Cada día, una lucha. Nuevos hábitos, nuevas rutinas. Nuevas formas de afrontar la vida. Las huellas del dolor. Noches en vela. Desgarradoras lágrimas tras la batalla. Y, sin embargo, “nunca sentí miedo a morir”, me decía. Mirarse al espejo, un acto consciente, que la arrojaba a su nueva realidad. Corazón inquieto, agitado, asustado… Y más lágrimas. Mi amiga, como otras tantas, se refugia en sus seres queridos. En las caricias, en los gestos, en las sonrisas. Pero nada ni nadie puede aliviar el dolor. Sin embargo, mi amiga nunca sintió miedo a morir. Sus palabras, como un eco, resuenan en mi alma. Gracias  por este golpe de realidad, amiga mía.

CARTEL-2-4-CARRERA-MUJER-22-ABR-2013-205x300Pude oír el relato desgarrador de esta mujer anónima, de esta gladiadora, de esta luchadora que ya se sabe victoriosa en esta batalla atroz. Nunca sintió que le faltaran las fuerzas y no cejó en la lucha. Como esas otras 22.000 mujeres que, solo en España, día a día se enfrentan a esta enfermedad, y que con su puño y letra escriben la particular historia de sus vidas.

Como cada año, desde hace cuatro, el próximo  9 de junio, nos sumaremos a la carrera de la mujer de Granada, y correremos esos “Otros cinco kilómetros solidarios”. Participaremos en esa espectacular fiesta, y nos dejaremos arrollar por la marea rosa… Y este año, lo haremos por mi amiga, y por todas esas enfermedades con rostro de mujer.

Porque el cáncer de mama, como cualquier otro tumor, es nuestra causa. La de todos. Alcemos los puños y mantengamos la lucha. Que el cáncer de mama es la causa de Gobiernos y ciudadanía. Sumémonos a estos cinco kilómetros solidarios y aun cuando nos falte el aliento sigamos clamando para que nada ni nadie recorte en fondos para la investigación, para los diagnósticos precoces ni para los tratamientos.

Y es que, como les contaba en “Contigo un paso más…”, en la carrera de la mujer no falta solidaridad que corre por las piernas.

¡Vamos, mujer! ¡Vamos, Granada!

Hace algunos meses, recibí en mi e-mail un regalo. Un regalo envuelto en palabras que me llevaba a viajar, sin moverme del sitio, hasta las mismísimas entrañas del corazón negro, hasta las mismísimas entrañas de la hermana África. Ese gigante tan cercano y tan desconocido. Con tantas sombras, como luces hay en sus gentes. África. La gran África. De la mano del cine y de la particular visión de Jesús Lens, un autor con una impresionante proyección que ha sabido transportarnos, como si de una ensoñación se tratara, al gigante africano.

Cineasta-Blanco-Corazón-Negro-portada-baja1“Fiebre africana”, como él mismo la define es de la que Jesús nos invita contagiarnos. A viajar por una África en absoluto yerma. Una África plena de sensaciones. Y  de las emociones con las que nos han contagiado el cerca del centenar de cintas de todos los tiempos que el autor recupera en las casi quinientas páginas de “Cineasta blanco, corazón negro” (editorial Almed).  Desde “Mogambo” a “Hatari!”, el “Jardinero fiel”, pasando por “Memorias de África” o “La Reina de África”.

Para Jesús, África palpita, es magia, es una explosión de color, es música, es añoranza y es, sobre todo, el espíritu de sus gentes. Por eso, Lens, que conoce bien tanto África como el cine, trata en este libro de ofrecer una imagen certera de “cómo es la África real de hoy día”. “Porque un enamorado del continente negro, además de conocerlo a través de la literatura, el cine y la televisión”, procura viajar a África siempre que puede y recorrer con sus propios ojos los paisajes que antes ha visto cientos y cientos de veces en documentales, películas y fotografías.

En “Cineasta blanco, corazón negro”, Lens, saca también a la luz esas otras zonas impenetrables de África, no tan festivas ni tan coloridas, llamadas a remover las conciencias, en cintas como “Diamantes de Sangre”, “Hotel Rwanda” o “14 km”.

A mí, solo una humilde aficionada, el amigo Lens ha conseguido embriagarme del amor y la pasión por el continente negro. Y, aunque no es fácil, amigo Lens, mirar tus obras con mirada inquisidora, te aseguro que he disfrutado con esta aventura.

Por tod@s l@s valientes que cada día se enfrentan y luchan contra esta enfermedad, hoy nos sumamos a la conmemoración del Día Internacional contra el Cáncer. Y, desde este blog, reclamamos que nadie recorte sus derechos a la sanidad y a una atención digna.

día internacional cáncer de mama

En medio de gran expectación y parafernalia… Y solemnidad. Y  la espectacularidad que acompaña a todo lo estadounidense. Ante el cerca del millón de personas que esperaban ansiosas las palabras de su presidente. Ante los algo más de 300 millones de estadounidenses.  Ante la mirada atenta de la población mundial… Volvió a hacerlo.

Y Obama volvió a emocionarnos. Al menos -y seguro que a alguno más- a la que suscribe estas palabras. Decir a estas alturas que los discursos de Barack Hussein Obama emocionan es como decir que el cielo es azul o que el agua es clara. Pero es que a una servidora como yo, amante de la palabra, el verbo nos sigue emocionando. A pesar de que, ahora más que nunca, lo que necesita la humanidad son hechos.

Ayer, lejos -muy lejos- de los muy yermos debates sobre política -en minúsculas- y la cuestionada gobernabilidad y honorabilidad de dirigentes como los nuestros, en su segundo discurso de investidura, ese señor negro que gobierna en EE. UU. y que es uno de los hombres más poderosos del mundo, recuperó el discurso de la esperanza, de la libertad, de la igualdad y de la paz.

U.S. Presidential Inauguration 2013

Obama habló de una libertad que debe ser cuidada por el pueblo, que no puede sobrevivir ni medio esclava ni medio libre. Habló de la prosperidad de los pueblos, gracias al progreso, a las infraestructuras y a la educación. Habló de un mercado libre que asegure la competencia y el juego limpio. Habló de proteger a los más vulnerables del sistema. Habló del fin de una década de guerra, como habló del comienzo de la recuperación de la economía americana. Habló del empoderamiento de las clases medias, de la prosperidad y de la dignificación del trabajo. Habló del innegable cambio climático y de nuestra obligación con las generaciones futuras. Habló de igualdad, de la necesaria e irrenunciable igualdad de las mujeres; de la población homosexual; y de los inmigrantes. Y, nos recordó, sobre todo que recuperar el discurso de la paz, la lucha y la entrega de Martin Luther King, es un acto tan necesario como saludable.

Palabras que Barack Hussein Obama pronunció ayer desde la responsabilidad consciente y que, naciendo como nacen en EE. UU., permiten vislumbrar a todo el mundo un poquito de luz. Con todo un mandato por delante, ahora, viene la difícil tarea de convertir tan bellas palabras en hechos necesarios. Four years more…

No siendo (ejem) una gran defensora de los gerundios, en esta ocasión, me veo obligada a utilizar algunos.

Y es que ha vuelto a hacerlo. ¡Homeland ha vuelto a hacerlo! Arrasando  esta noche en la 70 edición de los Globos de Oro. Afianzándose, consolidándose, reafirmándose como una de las series del año, como una serie imprescindible que hay que ver sí o sí.

Casi que me atrevo a decir que no ha habido sorpresas… De ningún tipo. Y eso que se enfrentaba a otros pesos pesados como The Newsroom o Downton Abbey

Homeland Globos de Oro

Ya lo decíamos en Homeland-Manía, hace algún tiempo, cuando nos declarábamos, como no podía ser de otra forma, homelandmaníacos. “Trepidante. Delirante. Fresca. Valiente. Desquiciante. Inteligente. Arriesgada. Infartante”. Por reducirla, si me lo permiten, solo a un puñado de adjetivos.

Por segundo año consecutivo, Homeland se hace con el Globo de Oro a la mejor serie dramática del año; también por segundo año (y ya van cuatro…), Globo a la mejor actriz, Claire Danes, que encarna a la delirante agente Carrie; y, estrenándose este año en los Globos de Oro, Damian Lewis, el contradictorio y controvertido sargento Brody.  Por contra, se fue de vacío el veterano Mandy Patinkin (Saul Berenson, jefe de división de la CIA), en la categoría de mejor actor secundario.

En fin, y por ir concluyendo, que si aún no han visto Homeland, francamente, no sé a qué esperan…

Como consecuencia de la desnutrición, en muchos lugares del mundo. los niños no cumplen años, apenas cumplen días…

No hablamos ni de un caso ni de dos ni de tres. 20 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda grave en todo el mundo. Un mal que es prevenible y tratable.

La desnutrición aguda altera los procesos vitales de los niños que la padecen. Es la consecuencia más grave del hambre. Cuando es moderada requiere un tratamiento inmediato para evitar que el niño empeore y se convierta en desnutrición aguda grave, lo que conlleva un alto riesgo de mortalidad. El coste de un día de tratamiento contra la desnutrición aguda para un niño es 1,20€. El tratamiento completo, el que saca a un niño de la desnutrición aguda y de un alto riesgo de mortalidad, dura entre 4 y 6 semanas y cuesta unos 42 euros.

UNICEF

Hay muchas formas, con las que puedes colaborar. Difundiendo la campaña a través de tu página web, blog o redes sociales. También puedes enviar un sms con la palabra UNICEF al 28028 o realizar tu aportación en www.retounicef.es.

“Elige la tuya ahora, porque para ellos, cada día puede ser el último”.

Es nuestra obligación moral aportar siquiera un pequeño granito de arena para evitar que la desnutrición grave alcance a más niños y niñas.

Por ell@s, por cada uno de ell@s, debemos difundir la voz y denunciar esta injusticia. Entre tod@s podemos combatir esta lacra que, aún en el siglo XXI, asola a la  población infantil.

Cada niñ@, un rostro y una vida que merece ser contada y rescatada del olvido.

Desde que el mundo es mundo, hemos asistido en innumerables ocasiones a su fin. Desde el Apocalipsis, al Fin de los Tiempos, al Juicio Final, pasando por Nostradamus… Y, desde hace algún tiempo, toma fuerza, el presagio Maya.

FIN DEL MUNDO

La creencia se basa en que ese día, el 21 de diciembre termina el calendario Maya. Para más inri, el 21 de diciembre de 2012, a las 12 horas y 12 minutos -según hora peninsular-, comenzará la nueva estación de invierno.

Calendario maya y el fin del mundo

 

Según los más catastrofistas, el próximo viernes, la mayoría de los aquí presentes pasaremos a mejor vida . ¿Asistiremos al fin de la civilización humana? ¿A la extinción de la raza quizá? ¿A la destrucción de la Tierra por la colisión de algún asteroide? ¿A alguna tormenta solar?

A mí, si algo me tiene que pasar, como ya he dicho cienes y cienes de veces, que me pille bailando. Eso sí, desde ya, les digo que deseando, deseando…  ¡lo que de verdad deseo es que me toque la lotería de Navidad!

¡Salud y buena suerte!

 

 

Hoy es uno de esos extraños días que quedará impregnado en nuestras retinas por mucho tiempo.  Hoy, 10 de diciembre, como cada año desde 1950, (casi) todo el mundo conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos. Una celebración con la que la ONU nos recuerda la necesidad de que todos los Estados, y digo todos, cumplan y hagan cumplir una serie de normas de convivencia, donde impere ¡nada más y nada menos que el sentido común! Qué cosas.  Normas de convivencia que garanticen el respeto y la dignidad de las personas. Que parece mentira que, en el año 2012, aún tengamos que celebrar un día como este. Pero es que en pleno siglo XXI, hay países que desconocen el significado de la libertad y la plena igualdad de los seres humanos. Que hay condiciones y derechos que no nos son tan inherentes. Que a nadie se le olvide.

Pero es que hoy, 10 de diciembre de 2012, ante la mirada atónita y crítica de un buen puñado de ciudadan@s descontent@s, la Unión Europea ha recibido el Premio Nobel de la Paz, para el que había sido nominada en varias ocasiones, pero que nunca había logrado. Y es, desde hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, Premio Nobel “por el avance de la paz y la reconciliación en Europa”, así como por el “establecimiento de la democracia y de los derechos humanos” en el aún conmocionado, cicatrizante y viejo continente.

UNIÓN EUROPEA
El Nobel reconoce la transformación “de un continente de guerra en un continente en paz”. ¿O acaso olvida alguien el atroz sufrimiento del conflicto más mortífero de la historia de la humanidad? Durante décadas, Alemania y Francia combatieron en diferentes contiendas. ¿Es, acaso, hoy pensable una afrenta entre estos Estados más allá de los despachos, las palabras, los gestos y los medios de comunicación?

Indudablemente, el premio no llega en su mejor momento. Much@s lo acusan de hipocresía. Y es que el reconocimiento llega en un momento de una crisis económica que nadie sabe cuándo tocará fin. Son muchas las voces que afirman que estamos ante una Unión Europea inmoral que se muestra más insolidaria que nunca y que asfixia a los países del Sur. Una Unión Europea que exige recortes en derechos inherentes como la educación o la sanidad pública, que promueve políticas que contribuyen al crecimiento de la pobreza y de la desigualdad social. Una Unión Europea que no ha sido capaz de entenderse en una salida de la crisis para la zona euro. Una Unión Europea antidemocrática. Una Unión Europea que ni siquiera llevó una postura común a la ONU sobre la admisión de Palestina como Estado observador.

Las redes arden. Claro, estamos en un mundo globalizado. A favor y en contra. Sobre todo, en contra.

Y usted, amigo lector, ¿qué opina? ¿Un galardón justo o injusto? ¿En el momento apropiado o inapropiado? ¿Un espaldarazo al euro? ¿Un reconocimiento interesado?

Sea como fuere, guste o no, la Unión Europea forma parte, desde hoy, del muy selecto grupo de distinguidos Premios Nobel de la Paz. Y, eso, querido lector, es así.

Alrededor del 15% de la población mundial –mil millones de personas- vive con algún tipo de discapacidad. (O mejor, di-capacidad). Seguramente, much@s de los que hipotéticamente formamos parte de ese otro  85% de la población, ignoramos o no somos conscientes, o sencillamente vivimos de espaldas, a  la problemática y a los obstáculos a los que, cada día, se enfrenta este numerosísimo grupo de valientes.

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Momentos como el actual, marcados por una acuciante crisis, se ceban de forma especialmente virulenta con los sectores más vulnerables y con evidentes posibilidades de quedar excluidos de la sociedad. Y es que es fácil cerrar los ojos ante el drama de miles y miles de familias, y no querer ver. Que ojos que no ven, corazón que no siente.

Intensificar los esfuerzos, avanzar en la protección de los derechos, en la inserción socio-laboral y fomentar la calidad de vida de las personas con discapacidad no puede resumirse en una mera declaración de voluntades. La  protección de las personas con discapacidad y sus familias es nuestra obligación. La de tod@s y cada uno de nosotr@s. Y sobre todo, la de quienes democráticamente nos representan. Es una obligación en la que las administraciones públicas no pueden ni deben  recortar.  Derechos irrevocables e innegociables. Sobre todo, innegociables.

Por cada paso que se dio, se han retrocedido otros tantos. En los últimos tiempos, la Ley de Dependencia ha sido diezmada y cuestionada, a golpe de tijera. Y es que esta crisis, que parece no tener fin, se está cebando con quienes más necesitan del apoyo de la sociedad.

Pero hoy, 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, como cualquier otro, es el día de est@s valientes y de sus cuidadores. Y tod@s ell@s merecen que alcemos nuestras voces al unísono, clamando justicia. Y nada, ni siquiera esta maldita crisis, justifica que mermen nuestros derechos a golpe de mando y tijera. Que el fin no siempre justifica los medios. Que el sí por el sí no siempre vale. Y que actuar impunemente contra quienes más lo necesitan es hoy, más que nunca, abominable.

Que nada ni nadie ahogue nuestra voz.

Ya lo decíamos.

Intentar comprender las entrañas de la RAE, nos sigue trayendo dCabeza. Al menos a quien suscribe estas palabras.

No será una servidora quien pretenda sentar cátedra. Ni cuestionar decisiones que, con frecuencia, se convierten en verdaderos campos de batalla entre estudiosos y académicos. Desde mi humilde posición, solo aspiro a poner  un poco de luz, a partir de  un español claro y legible, en toda esta marabunta.

A usted, amigo lector, que, seguramente y con frecuencia, se enfrenta a un folio en blanco, ¿nunca le surgen dudas? Por ejemplo, y en esto-entre otras cuestiones- llevamos algunos días erre que erre, ¿dónde colocaría el punto después de los signos de comillas?

Pues este, que parece un sano debate, ha suscitado agrias polémicas. A pesar de que la RAE -y sus académicos sí que pueden hacerlo- ha pretendido cortar la cuestión de raíz. Por el camino más corto, si me lo permiten. Y, así, dice la RAE  en  su nueva y polémica Ortografía (sic) que “(…) independientemente de que el texto entrecomillado abarque todo el enunciado o solo parte de él, el punto se colocará SIEMPRE detrás de las comillas de cierre”. (Y punto)

“No está el horno para bollos”. Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.

Añade que la norma debe aplicarse, incluso si delante de las comillas aparece un signo de interrogación, exclamación o puntos suspensivos.

“¿Cree que ha terminado aquí el debate?”. (Y punto)

¡Y la aparición de dos puntos con la misma función dentro de una misma frase, créanme, no les parece una aberración! Ni nada que se le parezca.

Claro, y he aquí las voces disidentes. Voces autorizadas como las de D. José Martínez de Sousa que, en su reflexión “La ortografía académica del 2010 (cara y dorso)” defiende, que esta forma de escribir es absolutamente inaceptable en español. (“Sobrepuntuación”, la denomina, para ser más exactos).

Sugiriendo, además, Martínez de Sousa, llevando la contraria a la RAE, que si el entrecomillado constituye una frase independiente –comienza tras un punto o signo que haga las veces- el punto (de cierre), y permítanme la redundancia, ha de ir dentro de las comillas.

No deje de leer. “Aquí no ha terminado el debate. ”

Que no es igual que decir:

No deje de leer que “aquí no ha terminado el debate”.

Una servidora, como ya les dijo una vez, en “Una de ex”, acatará las normas. Pero no les quepa la menor duda… ¡Las seguirá cuestionando!