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En medio de gran expectación y parafernalia… Y solemnidad. Y  la espectacularidad que acompaña a todo lo estadounidense. Ante el cerca del millón de personas que esperaban ansiosas las palabras de su presidente. Ante los algo más de 300 millones de estadounidenses.  Ante la mirada atenta de la población mundial… Volvió a hacerlo.

Y Obama volvió a emocionarnos. Al menos -y seguro que a alguno más- a la que suscribe estas palabras. Decir a estas alturas que los discursos de Barack Hussein Obama emocionan es como decir que el cielo es azul o que el agua es clara. Pero es que a una servidora como yo, amante de la palabra, el verbo nos sigue emocionando. A pesar de que, ahora más que nunca, lo que necesita la humanidad son hechos.

Ayer, lejos -muy lejos- de los muy yermos debates sobre política -en minúsculas- y la cuestionada gobernabilidad y honorabilidad de dirigentes como los nuestros, en su segundo discurso de investidura, ese señor negro que gobierna en EE. UU. y que es uno de los hombres más poderosos del mundo, recuperó el discurso de la esperanza, de la libertad, de la igualdad y de la paz.

U.S. Presidential Inauguration 2013

Obama habló de una libertad que debe ser cuidada por el pueblo, que no puede sobrevivir ni medio esclava ni medio libre. Habló de la prosperidad de los pueblos, gracias al progreso, a las infraestructuras y a la educación. Habló de un mercado libre que asegure la competencia y el juego limpio. Habló de proteger a los más vulnerables del sistema. Habló del fin de una década de guerra, como habló del comienzo de la recuperación de la economía americana. Habló del empoderamiento de las clases medias, de la prosperidad y de la dignificación del trabajo. Habló del innegable cambio climático y de nuestra obligación con las generaciones futuras. Habló de igualdad, de la necesaria e irrenunciable igualdad de las mujeres; de la población homosexual; y de los inmigrantes. Y, nos recordó, sobre todo que recuperar el discurso de la paz, la lucha y la entrega de Martin Luther King, es un acto tan necesario como saludable.

Palabras que Barack Hussein Obama pronunció ayer desde la responsabilidad consciente y que, naciendo como nacen en EE. UU., permiten vislumbrar a todo el mundo un poquito de luz. Con todo un mandato por delante, ahora, viene la difícil tarea de convertir tan bellas palabras en hechos necesarios. Four years more…

No siendo (ejem) una gran defensora de los gerundios, en esta ocasión, me veo obligada a utilizar algunos.

Y es que ha vuelto a hacerlo. ¡Homeland ha vuelto a hacerlo! Arrasando  esta noche en la 70 edición de los Globos de Oro. Afianzándose, consolidándose, reafirmándose como una de las series del año, como una serie imprescindible que hay que ver sí o sí.

Casi que me atrevo a decir que no ha habido sorpresas… De ningún tipo. Y eso que se enfrentaba a otros pesos pesados como The Newsroom o Downton Abbey

Homeland Globos de Oro

Ya lo decíamos en Homeland-Manía, hace algún tiempo, cuando nos declarábamos, como no podía ser de otra forma, homelandmaníacos. “Trepidante. Delirante. Fresca. Valiente. Desquiciante. Inteligente. Arriesgada. Infartante”. Por reducirla, si me lo permiten, solo a un puñado de adjetivos.

Por segundo año consecutivo, Homeland se hace con el Globo de Oro a la mejor serie dramática del año; también por segundo año (y ya van cuatro…), Globo a la mejor actriz, Claire Danes, que encarna a la delirante agente Carrie; y, estrenándose este año en los Globos de Oro, Damian Lewis, el contradictorio y controvertido sargento Brody.  Por contra, se fue de vacío el veterano Mandy Patinkin (Saul Berenson, jefe de división de la CIA), en la categoría de mejor actor secundario.

En fin, y por ir concluyendo, que si aún no han visto Homeland, francamente, no sé a qué esperan…

Alrededor del 15% de la población mundial –mil millones de personas- vive con algún tipo de discapacidad. (O mejor, di-capacidad). Seguramente, much@s de los que hipotéticamente formamos parte de ese otro  85% de la población, ignoramos o no somos conscientes, o sencillamente vivimos de espaldas, a  la problemática y a los obstáculos a los que, cada día, se enfrenta este numerosísimo grupo de valientes.

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Momentos como el actual, marcados por una acuciante crisis, se ceban de forma especialmente virulenta con los sectores más vulnerables y con evidentes posibilidades de quedar excluidos de la sociedad. Y es que es fácil cerrar los ojos ante el drama de miles y miles de familias, y no querer ver. Que ojos que no ven, corazón que no siente.

Intensificar los esfuerzos, avanzar en la protección de los derechos, en la inserción socio-laboral y fomentar la calidad de vida de las personas con discapacidad no puede resumirse en una mera declaración de voluntades. La  protección de las personas con discapacidad y sus familias es nuestra obligación. La de tod@s y cada uno de nosotr@s. Y sobre todo, la de quienes democráticamente nos representan. Es una obligación en la que las administraciones públicas no pueden ni deben  recortar.  Derechos irrevocables e innegociables. Sobre todo, innegociables.

Por cada paso que se dio, se han retrocedido otros tantos. En los últimos tiempos, la Ley de Dependencia ha sido diezmada y cuestionada, a golpe de tijera. Y es que esta crisis, que parece no tener fin, se está cebando con quienes más necesitan del apoyo de la sociedad.

Pero hoy, 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, como cualquier otro, es el día de est@s valientes y de sus cuidadores. Y tod@s ell@s merecen que alcemos nuestras voces al unísono, clamando justicia. Y nada, ni siquiera esta maldita crisis, justifica que mermen nuestros derechos a golpe de mando y tijera. Que el fin no siempre justifica los medios. Que el sí por el sí no siempre vale. Y que actuar impunemente contra quienes más lo necesitan es hoy, más que nunca, abominable.

Que nada ni nadie ahogue nuestra voz.

Ya lo decíamos.

Intentar comprender las entrañas de la RAE, nos sigue trayendo dCabeza. Al menos a quien suscribe estas palabras.

No será una servidora quien pretenda sentar cátedra. Ni cuestionar decisiones que, con frecuencia, se convierten en verdaderos campos de batalla entre estudiosos y académicos. Desde mi humilde posición, solo aspiro a poner  un poco de luz, a partir de  un español claro y legible, en toda esta marabunta.

A usted, amigo lector, que, seguramente y con frecuencia, se enfrenta a un folio en blanco, ¿nunca le surgen dudas? Por ejemplo, y en esto-entre otras cuestiones- llevamos algunos días erre que erre, ¿dónde colocaría el punto después de los signos de comillas?

Pues este, que parece un sano debate, ha suscitado agrias polémicas. A pesar de que la RAE -y sus académicos sí que pueden hacerlo- ha pretendido cortar la cuestión de raíz. Por el camino más corto, si me lo permiten. Y, así, dice la RAE  en  su nueva y polémica Ortografía (sic) que “(…) independientemente de que el texto entrecomillado abarque todo el enunciado o solo parte de él, el punto se colocará SIEMPRE detrás de las comillas de cierre”. (Y punto)

“No está el horno para bollos”. Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.

Añade que la norma debe aplicarse, incluso si delante de las comillas aparece un signo de interrogación, exclamación o puntos suspensivos.

“¿Cree que ha terminado aquí el debate?”. (Y punto)

¡Y la aparición de dos puntos con la misma función dentro de una misma frase, créanme, no les parece una aberración! Ni nada que se le parezca.

Claro, y he aquí las voces disidentes. Voces autorizadas como las de D. José Martínez de Sousa que, en su reflexión “La ortografía académica del 2010 (cara y dorso)” defiende, que esta forma de escribir es absolutamente inaceptable en español. (“Sobrepuntuación”, la denomina, para ser más exactos).

Sugiriendo, además, Martínez de Sousa, llevando la contraria a la RAE, que si el entrecomillado constituye una frase independiente –comienza tras un punto o signo que haga las veces- el punto (de cierre), y permítanme la redundancia, ha de ir dentro de las comillas.

No deje de leer. “Aquí no ha terminado el debate. ”

Que no es igual que decir:

No deje de leer que “aquí no ha terminado el debate”.

Una servidora, como ya les dijo una vez, en “Una de ex”, acatará las normas. Pero no les quepa la menor duda… ¡Las seguirá cuestionando!

Andan los ánimos revueltos, ¿no les parece? La gente está tan cabreada que ya no sabe cómo va a protestar y conseguir llamar la atención. Pero no pierde el humor. Y el efecto llamada es tremendo.

Según recogen hoy el diario Ideal y otros medios, Asociaciones y sindicatos andan esta semana haciéndose oír, bajo el lema “Los políticos nos la chupan… nosotros la donamos”, en un ingeniosa campaña de donación de sangre y reivindicación…

En Madrid, dicen, encontramos la peluquería “Rajoy” -especializada en recortes-.

Y “las putas insisten en que los políticos no son sus hijos…”

Se puede decir más alto, pero no más claro. Y usted ¿tiene algo que decir?

Trepidante. Delirante. Fresca. Valiente. Desquiciante. Inteligente. Arriesgada. Infartante.

De momento, no le encontramos ningún “pero”. O quizá sí. Ha llegado a un punto tan, pero tan bestial, tan álgido, tan crucial, tan, tan, tan… que a ver cómo resuelven la trama y sacan a los personajes de este embrollo.

¿Qué aún no saben de qué les hablo?

De Homeland. La serie que, junto a The Newsroom, Scandal y alguna otra, está haciendo mucho más llevaderos estos primeros domingos de frío.

Justamente aclamada por el público y la crítica, Homeland atesora dos Globos de Oro –mejor serie dramática y mejor actriz- y clara triunfadora en los Premios Emmy 2012 –incluyendo mejor serie dramática, y el galardón para sus protagonistas principales, Claire Danes y Damian Lewys-.

Si algo caracteriza a Homeland, además de que es capaz de mantener en vilo al espectador de principio a fin -¡incluso en su segunda temporada!- es que, políticamente, representa una apuesta valiente y arriesgada. Sobre todo, para la muy conservadora y patriótica visión norteamericana. Y es que Homeland nos invita a reflexionar sobre la incuestionable bondad del sistema estadounidense. Nos invita a reflexionar sobre si –siempre- el fin justifica los medios. Nos invita a reflexionar, incluso, sobre las desproporcionadas acciones disuasorias de un estado en permanente alerta ante la amenaza del terrorismo islamista.

Por eso, créanme, hasta el momento no creo que en Homeland, haya ni buenos ni malos. Solo un plantel de personajes que actúan y se relacionan. Que dudan y se cuestionan. La  genialidad de la obsesión in extremis; y de la locura… Y del sentido de la justicia. Y de la desconfianza. Y de la política. Y del espionaje. En Homeland nada es como creemos. Cualquier teoría se desmorona en un instante. Como el sistema.

Basada en la serie israelí Hatufim (Secuestrado) Homeland es la historia de dos personajes antagónicos.  Brody, un marine norteamericano que, desaparecido y dado por muerto en Irak, reaparece tras ocho años de cautiverio, provocando el delirio de Carrie, una agente de la CIA, que, tras los fallos del 11 S, vive obsesionada por evitar otra masacre.

A partir de ahí, querido lector, siéntese, y déjese llevar.

No hacía falta. Ni mucho menos. Pero, por fin, el Constitucional ha avalado la decisión adoptada por el Gobierno de Zapatero allá por el año 2005. Y el matrimonio gay, como titula el diario El País en su edición online, es constitucional. Sin peros. Sin reparos. Es constitucional y punto. Y no hay más que hablar. Y así lo han decidido 8 magistrados frente a 3 del Tribunal Constitucional.

¿Recuerdan el artículo 14 de la Constitución española? Ahí lo llevan.

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Y, como no podía ser de otra forma, las redes están que arden. Trending Topic en nuestro país.  Parece que muchas y muy distintas voces hoy, tras más de 22.000 matrimonios entre personas del mismo sexo, proclaman que #AmarEsConstitucional  y el #MatrimonioIgualitario.

Cuando oí el timbre del teléfono, apenas pude dibujar una sonrisa. Por fin, comenzaba a diluirse en mi recuerdo aquel otro despertar en una sombría noche de invierno, cuando a todos nos sobrecogió el sonido del celular. Casi veinticuatro años después. Volvió a sonar el teléfono, cual canto de vida.
Apenas despuntaba el alba. Y como un timidísimo rayo de luz, comenzaba a abrirse camino un bello y pequeño atisbo de vida. Roto el silencio y templados los nervios, una algarabía contenida que celebraba el nacimiento de un nuevo ser. Comenzaba el alumbramiento de un alma, de una pequeña tabula rasa. Todo un futuro por delante.  Y una vida por escribir.

Aquel 5 de noviembre era viernes. Lucía un sol radiante. Según los periódicos, aquel día del año 2010, Al Qaeda reivindicaba el envío de paquetes explosivos a EEUU; dos periodistas españoles fueron agredidos mientras cubrían un juicio contra activistas saharauis; y el huracán “Tomás” comenzaba a provocar las primeras inundaciones en Haití.

Contracciones de vida se sucedían a lo largo del día. O eso debía de pensar yo. La espera se hacía larga y la ilusión por besar su pequeño rostro crecía segundo a segundo, como crecía la tensión de cuantos allí nos congregábamos. Y, conforme avanzaba el día, créanme, éramos más. Ansiosos todos por intuir el color de sus grandes ojos, por acariciar sus pequeñas manos, y por encontrar esos inhallables parecidos que no nos cansamos de buscar.

Fue a las 19.10 horas del día 5 de noviembre de 2010, cuando rompió en su primer llanto a la vida. Un clamor que, imagino, nunca olvidarán sus felices papás, mi hermano Manolo y mi cuñada Silvia, que tanto deseaban concebir esta nueva vida. Silvia María ya estaba aquí. Con sus tres kilitos, tan blanquita, con unos inmensos ojos ansiosos de descubrir este nuevo mundo al que había llegado, queriendo hablar y aprendiendo a esbozar sus primeras sonrisas.

Silvia María Paiz Torrecillas, la más pequeña de mis princesas, junto a Alba y María, y por las que bebo los vientos.

Así que algún día, pequeña Silvita, cuando dejes de balbucear mi nombre y reconocerme como la “Tita de Memé”, entenderás cuánto sentimiento albergo en estas palabras…

En tu segundo año de vida, ¡muchas, pero que muchas felicidades!

“Se estima que más de mil millones de personas viven con algún tipo de discapaci­dad; o sea, alrededor del 15% de la población mundial”. No lo digo yo, lo ha dicho esta noche César Alierta.  Y es que hoy es 30 de octubre. Un día especial. Muy especial. Un día para hablar de capacidad. Y, a partir de ahora,  si pueden, di-capacidad.

En su aún corta, pero muy prestigiosa, trayectoria, hoy ha tenido lugar la entrega de los premios Telefónica Ability Awards, una iniciativa necesaria hoy, mañana y, esperemos, que no siempre. Sobre todo ahora, en los tiempos que vivimos, inmersos en  una crisis que parece no tener fin, cuando olvidarse de los más desprotegidos y de quienes más lo necesitan es cuanto menos indeseable, pero más fácil que nunca.

Hablar de los Ability Awards es hablar de una iniciativa pionera e innovadora que hace justicia, reconociendo a las empresas e instituciones que desarrollan modelos de negocio sostenibles, con la inclusión de las personas con discapacidad en la creación de valor, desde cualquier vertiente, ya sea como empleados, proveedores o como clientes. ¿Puede alguna sociedad vivir de espaldas a un colectivo tan sensible y numeroso?, reflexionaba esta noche el presidente de Telefónica.

De entre las más de 400 compañías que optan a los premios, solo 50 consiguen entrar a formar parte del prestigioso club de las llamadas Compañías y Organizaciones Ability. Lo que, créanme, es un verdadero orgullo. Que ser solidario, comprometido y acérrimo defensor de la igualdad, en cualquiera de sus manifestaciones, hoy tiene premio.

Y solo nueve los ganadores. Mis felicitaciones a Línea Directa Aseguradora; Pelayo Servicios Auxiliares de Seguros; Universidad de Valencia; Indra; Alcampo; Capgemini España; Accenture. Especial énfasis, perdonen, para los muy andaluces Ayuntamiento de Málaga y Radio Televisión de Andalucía.

Como no podía ser de otra forma, mi reconocimiento también a los finalistas. Y una mención especial, para un andaluz con aires granadinos, que ha pasado a formar parte del selecto club de las Compañías e Instituciones Ability, Guadalinfo Accesible, que, desde 2009, persigue la plena accesibilidad y la eliminación de las barreras tecnológicas. ¡Ahí es nada!

Pues lo dicho, ¡a seguir trabajando, que esta tarea es de tod@s!

¡Atención, querid@s!

Teníamos razón ayer en nuestras teorías sobre el uso de los ex

Tal es así que, esta mañana, los del departamento de “Español al día” han contactado con nosotros. ¿Para decirnos qué? Que teníamos razón cuando decíamos -o suponíamos- que la norma de referencia es siempre la última, y, por tanto, la Ortografía. Así que, excepto en los casos que les conté ayer, escriban siempre juntos los ex

También teníamos razón cuando les sugeríamos, “duden, duden”… ¡Que harán bien!

Salu2